(Esta es la calle donde vivo en el pueblo)
Siempre he dicho que el que no tiene pueblo se pierde mucho. He vivido tantas cosas allí que no me imagino mi vida sin esa vía de escape, sin ese bienestar, sin esa recarga de pilas. Para mí, el pueblo es reencontrarme con mi infancia (mis abuelos, mis tíos, mis primos...) y, aunque no he nacido allí, me siento como en casa.
Ahora voy de vez en cuando, menos de lo que me gustaría, pero saboreo al máximo todos los momentos: dar un paseo hasta la fuente que hizo mi abuelo, cenar en la peña con los amigos, acercarme al huerto -ahora yermo- donde cogía tomates cuando era pequeña, rebuscar en el granero, visitar a mis sobrinillos... Y todo eso no lo cambio por nada del mundo.