
"Que nadie se lleve las manos a la cabeza", susurró con total franqueza. Todos le escucharon pero el murmullo continuó. Respiró hondo y sentenció: "Nos vigilan". Entonces, el silencio se hizo inmenso, casi palpable. Nadie se atrevió a alzar la voz. Tampoco fue necesario. "Nos vigilan, nos espían, nos observan", añadió con la mirada perdida.
Volvió en sí y prosiguió: "Todos nos vigilamos, nos espiamos, nos observamos. Absolutamente todos. De cerca o de lejos, que más da. Vivimos en casas de cristal porque así lo decidimos. Los que elegimos cristales opacos, opacos fueron; al igual que los que quisimos cristales translúcidos y los que optamos por los transparantes. Que nadie se indigne ahora siendo que nosotros hemos sido los primeros en abrir de par en par nuestras vidas en la Aldea de Cristal".
Al fondo, alguien agachó la cabeza, dejó caer algo al suelo y salió de puntillas por la puerta de atrás.
No puedo creer que todavía no haya hablado de mi erizo. De hoy no pasa. Gordito se merece una presentación oficial en la blogosfera. "Gordito, los bloggers. Bloggers, Gordito". Me mira de reojo y sonríe por lo bajini. Le encanta ser el prota. Últimamente se pasa el día durmiendo. Cuando lo hace panza arriba aprovecho para observarle y le toco la nariz. Esa naricilla chiquita y redonda que olfatea todo lo que se le pone por delante. Y es que Gordito es muy sibarita. Tanto que hoy le he pintado las uñas de color bermellón.
